El tiempo siempre es más rápido que nosotros. Nunca lo alcanzamos y cuando nuestra memoria mira hacia atrás lo vemos irrevocablemente asociado a un espacio. Es la forma en la que el tiempo se nos hace visible. Para bien o para mal, hacerlo visible significa, entre otras cosas, visualizar la muerte, la finitud.

La fotografía recoge el testigo de ese transito . Para Oscar Wilde, hasta la memoria de una alegría tiene su amargura y los recuerdos de un placer, su dolor.

Las fotografías de «El sueño polar» se han cultivado en el silencio, en la oscuridad de algún recóndito recoveco de mí, al que sólo puedo acceder en contadas ocasiones. Entonces, sólo en esas ocasiones de trance fotográfico, la luz ilumina mi silencio y me permite revelar un mundo hasta entonces escondido, dormido, ajeno a mi , si no fuera porque ese mundo es mi pasado.
En un momento de la película «Magnolia», de Paul Thomas Anderson, la voz del narrador dice que nosotros podemos haber acabado con nuestro pasado, pero éste no ha acabado con nosotros. Somos lo que fuimos.
Las sesenta fotografías que presento en «El sueño polar» son el resumen de miles de latidos que durante años he oído en silencio, los míos, y otros miles de ellos que he sentido a flor de piel, los de mi familia.

Como si de un combate de boxeo se tratara, en «El sueño polar» me enfrento a un contrincante imbatible , mi propia sombra, que me golpea hasta dejarme exhausto, entre las cuerdas, noqueado. Recuerdos que alumbran mi pasado en forma de sombras. Un enfrentamiento desigual en el que asisto a mi derrota y la de aquellos que transitan a mi lado.

A modo de recolector ,entre mis manos van cayendo lo que son los restos de un naufragio . El latido de una carta abandonada emerge entre esos restos como el ascua de un fuego pretérito. Y es en ella, en esta carta, donde reposa el recuerdo, la gravedad de la ausencia, el corazón, el silencio.

En este contexto se desenvuelve «El sueño polar», en la búsqueda y en el encuentro con uno mismo a través de los demás, descubriéndome ante el espejo, sin llegar a conocerme del todo y siempre acompañado de esa sombra que sigue mis pasos en silencio, muda y observadora, recaudadora de mis recuerdos.

BIO

Bilbao, 1973.

1995. Primeros contactos con la fotografía en la Universidad. Dejo las partidas de Mus en la cafetería y me traslado a la biblioteca de la facultad de Periodismo.

1996-1998. Allí me licencio de  Bresson, Robert Capa y la agencia Magnum.

1997 Formación autodidacta en el revelado y positivado en blanco y negro. Sudor y lagrimas a partes iguales.

1998.  Me licencio en Periodismo por la UPV.

1999. Colaboro, por amor, al arte para un periódico deportivo local como fotógrafo.

1999-2002. Realizo mi primer trabajo fotográfico  sobre el Boxeo.

1999-2002. Primeras exposiciones colectivas y premios de fotografía a nivel nacional.

2002. Me traslado a vivir a Madrid

2002-2006. No encuentro aliciente alguno para coger la cámara fotográfica. Sencillamente, no me creo lo que hago.
Adiós, y gracias, a Cartier-Bresson y al momento decisivo.

2006. Comienzo a coger la cámara de nuevo. Mi novia de entonces y mis padres son mi nueva motivación.

2007. Curso de Postproducción digital, Escuela EFTI.
Y yo sin cámara digital, ni escáner ni ampliadora siquiera.

2008. Rompo mi relación sentimental de por entonces.
Mi madre enferma de gravedad y vuelvo a Bilbao.
En esos dos años, sólo veo mis fotografías a través de los negativos. Ningún positivado. Sólo a trasluz los negativos.

2008. Me compro una Hasselblad de formato medio. Luego la venderé para adquirir mi querida Rolleiflex.

2008-2010. Entre hospitales y cuidando de mis padres, la cámara me acompaña. Disparo, disparo y disparo.
Entre lo analógico y lo digital anda la cosa.

2009. Comienzo a ver en papel las primeras imágenes de los negativos de los último cuatro años. Me emociono en el cuarto oscuro. Mis últimos cuatro años se revelan ante mí.

2010. Presento, en forma de proyección, «Latidos», lo que se convertirá tres años después en el germen de mi primer libro, «El sueño Polar», en SestaoPhoto.

2010-2013. Vuelvo a Madrid con la firme intención de no trabajar de fotógrafo pero con el convencimiento de que la fotografía es mi medio de expresión personal, mi compañera inseparable.

2013. Publico «El sueño Polar», mi primer libro, de marcado carácter autobiográfico.

2013. Exposición fotográfica colectiva organizada por Dispara Xestión Cultural, Pontevedra.

…y mientras el corazón y el obturador aguanten, aquí seguiremos.

Sergio Hernáez

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